Con una exposición dedicada a la extraordinaria biodiversidad del archipiélago de Juan Fernández, la bióloga Isabel Rojas Segalerva inauguró la segunda versión del ciclo de divulgación científica Ciencia Sour, iniciativa impulsada por la Fundación Roberto Hernández Cornejo en alianza con CASAPLAN, cuyo propósito es acercar el conocimiento científico a la comunidad mediante encuentros abiertos, participativos y desarrollados en un ambiente informal.
La actividad se realizó en el Taller de Grabado y Cafetería CASAPLAN, espacio que gentilmente acogió el primer encuentro de esta nueva temporada y que, por su carácter artístico y cultural, ofrece un escenario propicio para el diálogo entre investigadores y ciudadanía. Esta vez las charlas están dedicadas al Chile Insular.
Durante su presentación, Isabel Rojas invitó a los asistentes a descubrir la extraordinaria riqueza natural del archipiélago de Juan Fernández, un territorio de origen volcánico cuya formación se remonta a cerca de cinco millones de años y que alberga algunas de las especies más singulares del planeta. Explicó que la isla concentra tres de las trece especies de aves endémicas de Chile, entre ellas el emblemático picaflor de Juan Fernández, actualmente catalogado en peligro crítico de extinción.
La investigadora explicó que el prolongado aislamiento geográfico permitió el desarrollo de una flora y fauna únicas, pero también extremadamente vulnerables frente a la acción humana y la introducción de especies exóticas. Recordó que árboles como el sándalo de Juan Fernández desaparecieron para siempre y advirtió que, cuando una especie endémica se extingue, su pérdida es irreversible para el patrimonio natural del mundo.
Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue el delicado equilibrio ecológico del archipiélago. Rojas destacó que las aves desempeñan funciones esenciales, como la polinización de numerosas plantas y el control natural de insectos. Asimismo, explicó que especies marinas como las fardelas enriquecen los suelos al transportar nutrientes desde el océano hacia tierra firme, mientras que los pescadores reconocen su presencia como un indicador natural de zonas donde existe abundancia de peces.
La exposición también abordó las profundas alteraciones provocadas por las especies introducidas. Las ratas, llegadas hace siglos en las embarcaciones, comenzaron a depredar los huevos del picaflor y de otras aves nativas, poniendo en riesgo sus poblaciones. A ello se sumó la introducción de animales como los coatíes, incorporados inicialmente para controlar los roedores, pero que terminaron convirtiéndose en una nueva plaga. En contraste, el aguilucho de Juan Fernández ha contribuido de manera natural al control de ratas y otras especies introducidas, favoreciendo parcialmente el equilibrio ecológico.
La especialista aprovechó la ocasión para entregar recomendaciones dirigidas a quienes visitan el archipiélago. Entre ellas destacó no alimentar a los picaflores con agua azucarada, ya que ello afecta su salud y evitar la introducción de nuevas especies vegetales o animales que puedan alterar el ecosistema insular.
Otro de los temas abordados fue la creciente presión humana sobre el territorio. Isabel Rojas advirtió que la población residente supera la capacidad ambiental estimada para la isla y que el incremento del turismo ha impulsado nuevas construcciones e infraestructura, generando desafíos adicionales para la conservación de uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos de Chile.
La investigadora concluyó señalando que conocer Juan Fernández en terreno permite comprender el extraordinario valor de sus especies endémicas y la necesidad urgente de protegerlas. «Todo tiene un rol ecológico», resumió, enfatizando que la conservación depende de comprender las relaciones que mantienen el equilibrio de este singular ecosistema.
Ciencia y conversación
Más que un ciclo tradicional de conferencias, Ciencia Sour busca transformar la divulgación científica en una experiencia cercana y participativa. Inspirado en iniciativas internacionales como Pint of Science, surgida en el Reino Unido en 2012, y en experiencias nacionales como los Cafés Científicos impulsados por la Universidad de Concepción, el proyecto propone sacar la ciencia de las salas de clases y llevarla a espacios cotidianos donde investigadores y público puedan conversar en igualdad de condiciones.
La propuesta reemplaza el auditorio por una mesa compartida. No existen la solemnidad ni las barreras propias de una conferencia tradicional. Mientras los asistentes disfrutan de un café o un pisco sour, los investigadores presentan sus trabajos y responden preguntas en un ambiente distendido, haciendo que el conocimiento científico resulte accesible para cualquier persona, sin necesidad de formación especializada.
La primera versión de Ciencia Sour se realizó en julio de 2025 en el Club Naval de Valparaíso, con motivo de la conmemoración de los 140 años de esa institución, cuyo origen estuvo ligado precisamente al desarrollo científico y al intercambio intelectual entre oficiales de la Armada. En esta segunda versión, el ciclo encontró un nuevo hogar en CASAPLAN, donde arte, cultura y ciencia confluyen en un espacio especialmente propicio para el encuentro ciudadano.
La programación de este año contempla cuatro charlas dedicadas al Chile insular, abordando su biodiversidad, historia, clima y arqueología. Todas ellas son posibles gracias al compromiso voluntario de investigadores y colaboradores que comparten una convicción común: que la ciencia también puede ser una buena conversación y una herramienta para fortalecer el vínculo entre el conocimiento y la sociedad.
